Villaplane: Capitán bleu y miembro de la Gestapo

La vida de Alex Villaplane dio un giro radical en apenas unos años. En 1930 en el primer Mundial de la historia celebrado en Uruguay fue el capitán de la selección francesa y a finales de la década alejado de todo lo relacionado con el balompié ejercía como un importante miembro de la sanguinaria ‘Gestapo francesa’.

 

 Villaplane era un medio derecho con buena técnica, inteligente tácticamente, hábil en la recuperación y un gran juego aéreo. Nacido en 1905 en el protectorado francés de Argelia se hizo futbolista en Francia militando en el FC Séte, el Nimes, el Racing de Paris donde completó sus mejores años futbolísticos, el FC Antibes, el Niza o el Hispano-Bastidienne con el que disputó unos pocos encuentros cuando no estaba en la cárcel. Su carrera internacional que duró 25 partidos la inició con los ‘bleus’ ante Bélgica en un duelo amistoso celebrado en el estadio Pershing al este de París en 1926. Dos años más tarde entró en la lista del escocés Peter Farmer para los Juegos Olímpicos de Ámsterdam y en 1930 viajó como líder del plantel bleu a la Copa del Mundo de Uruguay. En tierras neerlandesas fueron derrotados en la primera ronda ante Italia, mientras que en suelo charrúa los galos cayeron en la fase de grupos después de vencer en el debut a México y perder por la mínima contra Argentina y Chile en Montevideo.

 

 Durante su carrera futbolística ya estuvo implicado en problemas relacionados con las apuestas, la compra de partidos o incluso el hurto. Fue detenido por un caso de apuestas de caballos en París que le costó seis meses de prisión en 1935 y también fue protagonista del primer amaño de un encuentro en la historia del balompié galo. El Olympique Antibes luchaba por ser campeón en el grupo B de la División Nationale y en la última jornada venció por 5-0 al SC Fivois Lille, un resultado que tiempo después se supo que estaba acordado. En el equipo blanquiazul se reencontró con dos viejos amigos como el portero Laurent Henric y el medio Pierrot Cazal pero en las investigaciones fue su nombre el que salió como uno de los cabecillas del apaño del resultado. Su reputación en Francia cayó en picado y tuvo que abandonar el equipo para firmar por el Niza unas semanas después. Por su parte el club de la Costa Azul fue relegado de categoría y desposeído del liderato del grupo en favor del AS Cannes que se jugó el Campeonato francés con el Olympique Lillois.

 

 En 1939, el estallido de la II Guerra Mundial le cogió en prisión. Por entonces se encontraba arruinado e ingresaba y salía de la cárcel cada cierto tiempo por temas de corrupción o pequeños robos. Un año después la ocupación alemana en la capital francesa le dio barra libre para continuar con sus actividades delictivas. El conocido criminal Henri Lafont pidió a las altas esferas nazis la liberación de varios delincuentes entre los que se incluía a Villaplane.

 

 A partir de ese momento entró a formar parte de la Gestapo francesa y de un grupo conocido como la BNA (Brigada del Norte de África), donde vestía satisfecho y engreído el uniforme de segundo teniente de las SS y se le conocía con el apelativo SS Mohammed. La organización tenía como principal objetivo el localizar y matar a miembros de la Resistencia francesa y extorsionar y torturar a las personas judías, gitanas o partisanos. Con ello ganó mucho dinero y recuperó el estatus económico de tiempo atrás que tanto ansiaba.

 

Villaplane en su etapa como futbolista del Niza

 

Su buen hacer le hizo lograr un ascenso y convertirse en uno de los cinco líderes de la BNA. Entre sus actos más despiadados figuran la “Matanza de Oradour sur-Glane”, donde engañó a cambio de dinero a 52 detenidos por las SS que luego fueron asesinados y el rapto y posterior ejecución de diez muchachos en Aquitania. Los chicos de entre 17 y 27 años recibieron todo tipo de torturas antes de que Villaplane fuese el primero en dispararles a bocajarro. Los testigos incluso relataron que se le veía disfrutar y sonreír mientras lo hacía.

 

La Resistencia gala fue minando a la organización criminal pero al excapitán francés aún le dio tiempo a engañar a numerosas familias judías. Su plan consistía en ganarse la confianza de los miembros de la familia y erigirse en un salvador por un precio aproximado de 400.000 francos por persona. Les proponía un intercambio de dinero o joyas por un traslado a Portugal, un país neutral en la Guerra. Sin embargo los judíos finalmente no se movían de París y eran trasladados mediante distintas tretas a la sede de la Gestapo en la capital del país.

 

El cambio de signo en el conflicto bélico y la liberación parisina en 1944 dio al traste con el plan de vida de Villaplane. El BNA quedó disuelto en verano y muchos de sus colaboradores se marcharon a Alemania. El exjugador se quedó y rápidamente fue detenido por las autoridades francesas. En su defensa esgrimió que lo que se contaba sobre él no era cierto y que su principal labor durante el conflicto bélico había sido ayudar a huir a los judíos de París. Nadie le creyó.

 

A finales de 1944 a pesar de su reciente naturalización como alemán fue juzgado por el Tribunal de Justicia del Sena que le acusó de ser un colaborador de los nazis y el responsable de por lo menos diez asesinatos. La Corte le condenó a muerte y la sentencia se ejecutó a las 10 a.m. en el cuartel de Montrouge el día 26 de diciembre, donde fue fusilado a los 39 años junto a su amigo Henri Lafont y el exteniente de las SS Pierre Bony.

 

La selección francesa con Villaplane de capitán en el Mundial de Uruguay 1930

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