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      Blog Coolligan

      La magia de la pelota manchada

      La magia de la pelota manchada

      Se aproxima el verano, y con él, las sonrisas de los más pequeños que se dirigen a su terreno de juego personal más cercano con un balón bajo el brazo. Es verdad que ya no se observa tanto esa estampa de jóvenes jugando en la calle. Pero hasta hace no tanto; verano, calle y sol eran sinónimo de balón Mikasa sobre asfalto o arena. De mochilas o piedras emulando porterías. Decía Maradona que “la pelota no se mancha”, no obstante, el llegar a casa con la pelota, ya de por si era un logro, porque si no se perdía en el fragor de la batalla, lo lógico es que tampoco llegara limpia o en su forma original. Sin duda, el verdadero trofeo de la infancia era llegar con el balón acomodado entre la cadera y el antebrazo. 

      Si las calles hablaran nos saldrían documentales. En cada rincón donde hubo un balón rodando hubo sonrisas. A Fernando, por ejemplo, un niño de calle cubana, no le gustaba jugar en otro sitio que no fuera la calle por que eso “no le permitía deslizarse” y eso le impedía divertirse. Para Fernando, al igual que para muchos otros, la belleza de jugar en el parque es que podían jugar todos. Incluso los que no tenían zapatos. Así lo contaba en la revista cubana ‘El Estornudo’. La pelota se mancha. 

      En mi caso en particular recuerdo esas tardes con cariño. Debajo de mi ventana había un pequeño patio rosado con baldosas onduladas. No había terreno más inestable. Para la generación de niños que vivimos ahí durante esa época, ese patio siempre significará algo más. No había horarios, solo el sonido de un balón botando que indicaba que había alguien jugando, lo cual alentaba al resto de jóvenes a bajar para jugar hasta que el sol desapareciera. Fuimos una generación problemática. Lo que nosotros veíamos como gradas, eran casas donde a nosotros se nos olvidaba que había gente durmiendo. Nosotros no teníamos horarios, pero el resto de mortales sí, y era lógico. Nos cerraron el patio. 

       

      El fútbol nos obligó a vivir el primer momento de nuestras vidas en el que se nos rompe el corazón. Ese fatídico instante donde se cuelga un cartel que reza: prohibido jugar a la pelota. Llamativo que nos afectara tanto, sobre todo teniendo en cuenta que a pocos metros teníamos unas pistas municipales. Pero es que nos habían tocado nuestro escenario donde hacíamos música. Donde lo que menos importaba era el resultado y sobre todo, los recursos. No solo era un terreno de juego, para nosotros, el mejor; sino que además era un foro de debate de lo más mundano que se podía imaginar.

       

      He visto muchos patios desde entonces, algunos incluso, con mejor estética. Supongo que el patio o calle donde uno decide manchar su pelota por primera vez siempre será algo que se guarda dentro del corazón de uno y que es difícil de superar. Sobre todo cuando lo tienes debajo de tu ventana. Hace años que sobre ese patio se rige el silencio más absoluto y los únicos del balón que se aprecian llegan desde lo lejos, de una pista a unos metros de nuestro estadio favorito en el mundo: el patio rosado de tejas onduladas. 

      Es la magia de la pelota manchada la que nos ha despertado la ilusión a muchos, sobre todo por las pequeñas cosas. Por los pequeños momentos y por las cosas nobles. La magia de la pelota manchada que nos hacía olvidar por un momento que éramos niños, que éramos mortales. Nos creíamos estrellas hasta que nuestros padres no llamaban para cenar. 

      No pasa nada, tenemos medias blancas

      No pasa nada, tenemos medias blancas

      La sociedad quiebra en numerosas ocasiones cuando se incumplen ciertas normas en la vestimenta. Algunos de hecho se lo llegan a tomar bastante en serio. Como si se tratara de tomar el control exclusivo del estilo de las personas. Es cierto que la sociedad ha ido evolucionando, aunque, en este caso, se es hasta más crítico en la actualidad.

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      ¿Qué hay detrás de la famosa camiseta a subasta de Maradona?

      ¿Qué hay detrás de la famosa camiseta a subasta de Maradona?

       

      Hace unas semanas salió la noticia de que salía a subasta la camiseta con la que Maradona le hizo dos goles a Inglaterra en el Mundial de 1986. El último mundial ganado por la albiceleste. 

      Para ese Mundial se diseñaron dos camisetas, una albiceleste de algodón que implementaba una tecnología de transpiración completa y que dejaba traspasar el sudor y que este no quedara impregnado en la camiseta. Por otro lado, la de visitante si dejaba que se acumulara el sudor y que se quedará impregnada la humedad del mismo. 

      Sin muchos problemas, los partidos se dieron con normalidad. En los tres primeros encuentros ante Corea, Italia y Bulgaria, la selección albiceleste usó esa primera equipación tan icónica. Sin embargo, en el partido de octavos de final ante Uruguay, la albiceleste estrenó con victoria la sudorosa remera visitante. 

      En una selección dirigida por Carlos Bilardo cada detalle cuenta. La superstición siempre ha estado a la orden del día con el técnico, al que le pareció buena idea pesar en una balanza tras el partido sendas camisetas y observó que la visitante era unos gramos más pesada. 

      Tras semejante “problema” la extraña mente de Bilardo se puso a maquinar y decidió reunir de madrugada a sus asistentes para realizar agujeros que simularan la transpiración de la camiseta local. La idea no salió bien del todo y se decidió acudir de emergencia a por nuevas camisetas. Se mando entonces a Rubén Moschella a por camisetas a México 

      Seis tiendas después y con kilómetros recorridos por las calles se encontró el tesoro convertido en camiseta. Se encontraron camisetas más ligeras a las que les faltaba bordar el escudo y unos dorsales. El dorsal se imprimió con fuete americana y en un brillante gris plateado. 

      Sin embargo, a Bilardo no le gustó al verla. La despreció e incluso la lanzó contra el suelo. Reacción muy diferente a la que tuvo Maradona. El mago argentino se mostró convencido de que la ‘iban a romper’ con esa camiseta. Fue una tarde larga para Bilardo, que añadió a su tarea la de ordenar coser escudos para tenerla lista. 

      Debió dar suerte. Maradona algo sabía porque fue él quién se encargó de marcar sus dos goles más recordados. Una fabricación contrarreloj para cotrarrestar las supersticiones de Bilardo y que hoy se paga en subasta a un precio inicial de 5,8 millones de dólares

      British Ladies Club. Pioneras del cambio.

      British Ladies Club. Pioneras del cambio.
      En 1984, una joven bajo el seudónimo de Nettie J. Honeyball colocó en el periódico The Daily Graphic un anuncio que llamaba a mujeres que deseasen jugar al fútbol y al mismo tiempo hacerlo en un club.

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      Cuando se unieron un globo y un bar

      Cuando se unieron un globo y un bar

      A lo largo de la historia nos hemos chocado con equipos que esconden relatos dignos de contar. Algunos empiezan en el propio césped y otros, como en los clubes más especiales, tienen lugar en los lugares más remotos. En el caso del Club Esportiu Júpiter, se inició todo en un bar. Más que un bar era una cervecería. La Cervecería Cebrián, que se colaba entre las calles de Barcelona a lo largo de una calle en la que hoy luce con resplandor una horchatería. Ha cambiado el espacio y el tiempo, pero no la leyenda. El CE Jupiter nació en la Rambla de Poblenou bajo los mandos de dos obreros escoceses que se reunieron en aquella emblemática cervecería. Lo que jamás debieron imaginar fue que ese club se convertiría en un movimiento social, de lucha y de unión en todo un barrio. El espíritu luchador de ese Jupiter ha servido de inspiración a una generación que con el paso de los años recuerdan con nostalgia.

       

      El origen del nombre del club, el Jupiter, viene inspirado por el ganador del concurso de globos aerostáticos que tuvo lugar en la playa de la Mar Bella. Con un nombre y origen especial, sería raro no pensar que la filosofía del club sería también de un carácter singular. Su escudo se ilumina con los colores de la bandera catalana y la estrella azul, algo que en 1936 le trajo más problemas que alegrías. Sin embargo, el espíritu obrero y luchador del club combatió contra las adversidades políticas que trataron de interponerse en el camino del Júpiter. Curiosamente, sus mejores años en lo deportivo, coincidieron en época de represión. El club cambió el escudo en varias ocasiones, desde su fundación en 1909 hasta la actualidad, lo hizo en 6 ocasiones hasta mantenerse a día de hoy con el clásico escudo circular, acompañado de la estrella de cinco puntas, la bandera catalana y las siglas C.E.J (En sus inicios C.D.J). Sin embargo, los cambios de imagen en su símbolo, no alteró el orden social que tanta vinculación tenía al club. Por aquel entonces el equipo abordaba 2000 socios, algo llamativo teniendo en cuenta la época en la que nos encontrábamos. 

       

      En ese ambiente de represión, fue el Jupiter un equipo involucrado en la lucha. Sus aficionados usaban los balones para trasladar pistolas bajo el argumento de los viajes del club, ya que por aquel entonces los balones no estaban precintados como ahora. Sacarle provecho a los cordones del balón fue fundamental para colocar las armas desmontadas y así poder acomodar el transporte. La imagen del Jupiter por parte del poder fue la de enemistad. Además, esa visión poco simpática desde los militares hacia el Jupiter se juntó con la consecución del título de campeón de España del grupo B por parte de los de Poblenou. Ese hecho acabaría con un sabor agrio para el Jupiter, que decidió celebrar el titulo junto al FC Barcelona debido a que se forjaron como campeones de España el mismo día. La ceremonia tendría lugar en el campo de les Corts y cuando el himno de la Marcha Real sonó en el estadio, la pitada frenó todo el compás del que era por entonces el himno de España. Las máximas autoridades le cerraron el campo. Sin embargo, aunque el balón no rodara, el Jupiter seguía teniendo algo aún más importante que su fútbol: sus principios.

       

      El Jupiter siguió peleando desde la sombra y con su carácter revolucionario. Se comenta incluso que el campo del Jupiter se convirtió en un centro de resistencia contra el Golpe de Estado de 1936. Sin conocer la historia con la veracidad que merece, lo que todos comentaban es que desde aquel campo salieron vehículos dispuestos a combatir contra el fascismo insurrecto. 

       

      El Jupiter, siempre fue un símbolo de lucha. Además de tener en sus filas un fiel grupo de aficionados, tuvo siempre unos principios acordes a su filosofía. Algo que, viendo el panorama del fútbol actual, cuesta relacionar. Porque historias como las del Jupiter nos recuerdan que el fútbol siempre ha sido algo más. Ha sido y es lucha. Ha sido y siempre será, el alma de un pueblo.